
La razón le abandona cuando necesita pensar.
*-*-*
La vida, como un soplo remoto, pasó entre sus dedos, íntima y ajena. De su visita quedó la huella del viento que agitó las hojas.
*-*-*
Cuidadosamente rodeado de ideas prudentes, inaccesible a los excesos, escudado por la dura barrera de las teorías mediocres, dicta, burocráticamente, opiniones definitivas.
*-*-*
Hizo muchos planes. No cumplió ninguno. Cada día era un nuevo fracaso, pero cada día era también una nueva aurora y un fuego imperecedero encendía cada día en él el deseo de las cosas perfectas que no se realizan. Un soplo eterno reanimaba, diariamente, la potencia intacta y estéril.
*-*-*
Larga agonía de un mal imaginario.
*-*-*
Este es un hombre que hace la novela de su vida. Completa, estéticamente, su razón y sus sentimientos. Finge sus sensaciones. Naturalmente, nadie lo entiende. Naturalmente, él se envanece de ello.
*-*-*
Su vocación es soberana: compone música en un mundo de sordos.
*-*-*
Optimista impecable: por las noches zurce su corazón.
*-*-*
Gastó largos años para hacerse un estilo. Cuando lo tuvo, nada tuvo que decir con él.
*-*-*
Señor, ¿para qué me diste un alma si no podía servirme de ella?
*-*-*