
Alistair MacLeod
Mi relato comienza en el mes dorado de septiembre en el suroeste de Ontario. Bajo el espléndido sol del otoño, la magnificencia de las tierras es abrumadora, como un apabullante poema de Keats. A lo largo de la autovía 3 los canastos repletos de hortalizas y arreglos florales colman los márgenes de la calzada. Las señales invitan a quien transite por ella a que "tome lo que guste", y se ve a familias enteras que hacen justamente eso: se agachan, se levantan, avanzan y trastabillan con los canastos a punto de rebosar, o bien se suben a escalones para alcanzar los manzanos y perales.
Alistair MacLeod, Sangre de mi sangre, traducción de Miguel Martínez-Lage, RBA Libros, S. A., Barcelona, 2001.

Con este párrafo se inicia Sangre de mi sangre, del escritor canadiense Alistair MacLeod. Esta novela —hasta donde sé, la única que ha publicado el autor— me cautivó. Si bien en ella se narra la historia de la familia MacDonald, desde que Calum Ruadh —tatarabuelo del padre del narrador— emigra de Escocia en 1779 con destino al Nuevo Mundo, hasta la década de los ochentas, la novela se centra en la vida de Alexander MacDonald (protagonista y narrador) y en la de sus hermanos y abuelos.
El dicho predilecto de la abuela "Siempre hay que cuidar de tu misma sangre", es, para mí, el eje que estructura la novela, porque define o marca el destino de los últimos protagonistas de esta saga familiar.
Sangre de mi sangre es una reflexión sobre los valores que imperan en una familia, sobre el amor y la lealtad, sobre la muerte y la traición, sobre la memoria y el porvenir.
El título original de esta novela es No Great Mischief, que alude a una frase del general James Wolfe sobre los soldados de las Tierras Altas: "Son unos cabezotas y son intrépidos; están acostumbrados a la aspereza de su país, y poco importa que caigan". Esto último "Y poco importa que caigan" sería la traducción de No great mischief.
