sábado, 21 de mayo de 2011

Michel Tournier






Después de las tres novelas de Stephen King, la lectura de Eleazar o El manantial y la zarza, de Michel Tournier, me ha dejado una gran placidez, pese a que es el libro de Tournier que menos me ha gustado.

Un fragmentito de esta novela:


"En otra ocasión, después de evocar ante los alumnos del catecismo la Santa Cena y la Eucaristía, Eleazar les había invitado a hacer preguntas. Sólo Cora alzó la mano.

—Los discípulos han bebido la sangre y comido la carne de Jesús, pero el mismo Jesucristo, ¿ha bebido su sangre y comido su carne?

Eleazar quedó confundido por la impertinencia de aquella pregunta."


(Eleazar o El manantial y la zarza, p. 41, Ed. Alfaguara, trad. de José Luis López Muñoz)



De Michel Tournier he leído El viento paraclítico y El vuelo del vampiro, ambos estupendos ensayos, pero mis predilectas son sus novelas Viernes o los limbos del Pacífico y Gaspar, Melchor y Baltasar, cuyo cuarto personaje, Taor, es profundamente conmovedor.







Nunca pensé que una 'nueva versión' de una obra clásica como Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, fuese atractiva; sin embargo, Viernes o los limbos del Pacífico me pareció tan fascinante como su 'antecesora'.




sábado, 14 de mayo de 2011

STEPHEN KING




Acabo de leer tres libros de Stephen King y mis nervios han quedado un tanto alterados. Leí primero El cazador de sueños, luego El retrato de Rose Madder y a continuación Eso (It, en inglés). Quedé alterada porque creo que todo lo que a nosotros los humanos nos da miedo está contenido en estas tres novelas: muerte, personajes enfermos de cáncer de todos tipos (siempre cáncer, salvo un par de infartos), padres o esposos salvajemente golpeadores, monstruos, sangre, cadáveres, pedos mortales y mucha violencia.








Leí en Wikipedia que, de niño, Stephen King vio cómo uno de sus amigos, tras quedar de algún modo atorado en un riel, fue arrollado por un tren. El autor afirma que esa experiencia traumática no tiene nada que ver con el tipo de novelas que ha escrito. Tal vez lo que escribe es, en cierto sentido, el registro de sus propios terrores, o tal vez no.


Lo cierto es que lo que más me ha gustado de El cazador de sueños y de Eso es la amistad pura e indestructible que define a sus protagonistas. En la primera son cuatro amigos; en la segunda, siete. Su amistad se forja en la infancia y perdura hasta el fin.






En ambas novelas es un "monstruo" extraterrestre lo que siembra el horror y la muerte. En la primera la telepatía es, por un lado, el enemigo a vencer, y, por otro, el aliado que tienen para acabar con el monstruo, y en ambas el nombre de éste es Mr. Gray. Pero tanto en El cazador de sueños como en Eso, lo que les da una enorme fuerza a los protagonistas es la entrañable amistad que los une desde pequeños.


El primer libro que leí —hace muchos años— de este autor fue La hora del vampiro (Salem's lot). Comencé a leerlo con cierta risita burlona, diciéndome que yo no creía en eso de los vampiros, pero aún recuerdo el escozor y el espanto que su lectura me produjo. Lo leeré de nuevo uno de estos días.






Hará un par de años leí Mientras escribo, y, hasta ahora, es mi libro predilecto. En él King da algunos consejos o fórmulas para escribir, pero lo que realmente me encantó es la manera en que narra el accidente que tuvo cuando un automóvil lo atropelló. King es un gran narrador y supongo que es mi libro favorito porque en él no hay ficción. El sufrimiento, la sangre, los huesos rotos ocurren a diario en la vida real, sin necesidad de monstruos extraterrestres que vengan a tragarnos desde una coladera o a devorar un pedazo de axila, hombro o pierna para luego sumergirnos en una oscuridad horrorosa donde 'flotaremos' por siempre.






Además de la maravillosa amistad de sus protagonistas, otra cosa que me gusta de King es su sentido del humor. En medio de las abrumadoras escenas que los lectores vamos "viendo" en technicolor a medida que vamos leyendo, surge una frase o una situación realmente cómicas.




Anoto un fragmento de El cazador de sueños (traducción de Jofre Homedes, DEBOLSILLO, pp. 84-85):

De pronto se oyó un ruido grave y vibrante, como de langosta. Jonesy lo atribuyó a que se había metido algo en la chimenea, y notó que se le erizaba el vello de la nuca. Luego se dio cuenta de que había sido McCarthy. Jonesy había oído pedos fuertes, y algunos largos, pero ninguno que pudiera compararse. Parecía interminable, aunque solo debían de haber pasado unos segundos. A continuación, lo olió.
McCarthy, que había cogido la cuchara, la dejó caer en la sopa, que estaba casi sin probar, y se llevó la mano derecha a la mejilla donde tenía la mancha, con un gesto de vergüenza casi femenino.
—¡Ay, perdón! —dijo.
—No, por favor. Fuera hay más espacio que dentro —dijo Beaver.
Pero lo que accionaba su lengua solo era el instinto y la fuerza de la costumbre. Jonesy vio que el olor les había impactado por igual a ambos. No era la peste a huevo podrido que se recibe con risas, ojos en blanco, gestos de abanicarse y gritos de "¡Coño! ¿Quién ha abierto el queso?". Tampoco era un pedo de los que huelen a metano. Se trataba del mismo olor que había detectado Jonesy en el aliento de McCarthy, pero más intenso: una mezcla de éter y plátanos demasiado maduros, como el líquido que se echa en el carburador cuando amanece el día bajo cero.
—¡Jo, qué vergüenza! —dijo McCarthy—. No tiene perdón de Dios.
—Oye, que no pasa nada —dijo Jonesy; pero se le había encogido el estómago, como queriendo protegerse de alguna agresión. Ahora los huevos revueltos no se los acababa ni Cristo. Jonesy, por regla general, no era maniático con los pedos, pero aquel no se podía aguantar.






martes, 22 de marzo de 2011

Deseo, de Orlando González Esteva


Orlando González Esteva, poeta cubano.



Deseo

Ser casi la página
en blanco, la ciega
página que ve
tanto que se aterra

y no dice nada.
La página en vilo.
El silencio a punto
de ser el olvido.






(Tomado del libro Cartografías, de José María Espinasa.)

domingo, 20 de marzo de 2011

Barbara Pym, Mujeres excelentes


Barbara Pym (1913-1980)




No hay nada original o insólito en lo que se cuenta en Mujeres excelentes, de Barbara Pym. Es un recorrido por la apacible y rutinaria vida de Mildred, una mujer soltera que dedica su tiempo a ayudar a otros, a ir a la iglesia a organizar bazares navideños, y a preparar té y lavar platos sucios. La llegada de unos vecinos, un matrimonio formado por una antropóloga y un teniente de navío experto en ser agradable, además de Everard (otro antropólogo), y sus relaciones con el vicario Julian Malory, su hermana Winifred y una viuda llamada Allegra Gray son, en conjunto, la trama que sigue la novela. Lo que quiero decir es que la historia es muy simple, pero la forma en que está narrada impide que uno suelte el libro y siga con sumo agrado la vida de esta solterona que podría parecer aburrida. Tal como se lee en la cuarta de forros, Barbara Pym es heredera de Jane Austen. Yo casi esperaba que al final Mildred Lathrop se casara con Everard (porque así suelen cerrarse las novelas de Austen), pero Pym le da este final porque en realidad no podría haber otro. Me gustó mucho "descubrir" a esta escritora inglesa.





sábado, 5 de marzo de 2011

Videoblog de libros







Hace poco, gracias a un comentario que recibí, tuve la fortuna de 'descubrir' un blog que me encantó. Ý me encantó porque es un blog que habla de libros. Se llama El videoblog de libros de los duelistas http://videobloglibros.blogspot.com/, y el grupo que lo integra se dedica a grabar una plática sobre un libro leído, lo cual hace que el comentario sea mucho más espontáneo que uno escrito. Me gustó mucho también el hecho de que participan niños. Es sorprendente la naturalidad con que se expresan y el entusiasmo que manifiestan por una lectura que les haya agradado. Además, los escenarios varían: unos comentan desde su propia biblioteca, otros en alguna playa o parque, otro teniendo como fondo el Big Ben de Londres. En fin, véanlo por sí mismos y disfrútenlos.




domingo, 20 de febrero de 2011

Epígrafe, Salvador de Madariaga


Catedral de Las Lajas, Colombia (imágenes tomadas de Internet).


El siguiente epígrafe lo tomé del libro Europa, de J. Leyva, Mondadori, 1988.


... amemos a Europa, nuestra Europa sonora de las carcajadas de Rabelais, luminosa de la sonrisa de Erasmo, chispeante del ingenio de Voltaire, en cuyos cielos mentales brillan los ojos fogosos de Dante, los claros ojos de Shakespeare, los ojos serenos de Goethe, los ojos atormentados de Dostoievski; esta Europa a la que siempre sonríe la Gioconda, y en la que Moisés y David surgen a la vida perenne del mármol de Miguel Ángel, y el genio de Bach se alza espontáneamente en los aires de la melodía para quedar captado en su geometría intelectual; donde Hamlet busca en el pensamiento el misterio de su inacción y Fausto busca en la acción consuelo al vacío de su pensamiento; donde Don Juan ansía hallar en las mujeres que topa la mujer que nunca encuentra, y Don Quijote, lanza en ristre, galopa para obligar a la realidad a alzarse sobre sí misma; esta Europa en donde Newton y Leibniz miden lo infinitesimal, y las catedrales, como dijo inmortalmente Musset, rezan de rodillas en sus vestidos de piedra; donde los ríos, hilos de plata, hacen rosarios de ciudades, joyeles cincelados en el cristal del espacio por el buril del tiempo...

SALVADOR DE MADARIAGA
(Congreso de La Haya, 1948)




Catedral de Palma de Mallorca, España.




Catedral de San Basilio, Moscú, Rusia.



Catedral de Milán, Italia.


... y las catedrales, como dijo inmortalmente Musset, rezan de rodillas en sus vestidos de piedra...

lunes, 14 de febrero de 2011

Algo para celebrar el Día de San Valentín

Anoto al pie de cada imagen el sitio de donde las tomé o el crédito correspondiente.



love-watermelon, fotografía de Jorge L. Gazzano.




Bakerella.



Jessica Zoë Kalendek.


Storey shop.


Hot lips sugar cookie, de Jessica Zoë Kalendek.



Storey shop.



Stained glass butter cookies, Jessica Zoë Kalendek.



Stamping Mathilda blogspot.



Storey shop, Inglaterra.



Galletas gigantes de corazón, de Jessica Zoë Kalendek.



Galletas de azúcar, de Sugar and flour.


Valentine's day cake pops, de Bakerella.



Tarjeta victoriana.